Sam Asghari, mucho más que el novio de Britney Spears: ¡¡estará en una peli con Mel Gibson!!

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    La sesión de fotos de Sam Asghari en Los Ángeles tiene lugar en una mansión de los años 30 situada en Hollywood Hills, que nos ha prestado un amigo diseñador del mánager de Asghari, Brandon Cohen. Mientras nuestros anfitriones charlan con nosotros, el equipo está preparando una foto junto a una piscina infinita con vistas a Universal Studios. Asghari saluda a todos y después se mantiene en silencio hasta que se le llama para que se quite la camiseta y se coloque en posición. Su gran amiga-peluquera-estilista de facto, Maxi (se la conoce simplemente así), se mantiene en la distancia y lo anima: “¡Contrae esos abdominales!”.

    Para aquellos que no han estado siguiendo la saga #FreeBritney, vamos a hacer un breve resumen: Asghari, un entrenador personal americano-iraní de 27 años convertido en actor, lleva saliendo con Britney Spears desde que los dos se conocieron en el set de rodaje de un vídeo musical en 2016. Mientras que la mayoría de los novios solo han de temer la posibilidad de tener que enfrentarse a un pelotón de fusilamiento formado por las amigas de ella, o a tener que tratar con unos padres autoritarios, Asghari, en cambio, se las ha visto con algo mucho peor. Durante 13 años, Spears estuvo bajo un acuerdo de custodia gestionado por su padre, Jamie Spears, quien ha restringido casi todas las facetas de su vida, incluyendo la relación con sus dos hijos adolescentes, sus amigos y compañeros, y sus socios potenciales.

    En los últimos meses, colegas de Spears como Lance Bass, del grupo *NSYNC, han dicho que la tutela fue lo que les impidió mantener el contacto en el pasado. El propio Asghari tampoco tiene muy claro cómo fue capaz de colarse en la órbita de Britney, o al menos no aparenta muchas ganas de confesar de qué manera acabó metiéndose a la fuerza. Cuando le pregunto, rehúye la cuestión. “En mi vida me han pasado muchas cosas locas y me siguen pasando”, afirma. “Pero también ha habido un montón de momentos bonitos. Todo lo demás es algo a lo que he procurado no prestar atención”. Lo cual, por inverosímil que sea, suena hasta creíble si lo dice él. Asghari parece meditar cuidadosamente sus palabras antes de pronunciarlas, sobre todo pensando en la resonancia mediática que pueden tener.

    A pesar de su 1,90 m y de la anchura de sus hombros, la suya no es una presencia que intimide. De hecho, es una persona completamente modesta. Se mueve con alegría y sin hacer el más mínimo ruido. Me lo imagino recorriendo el mundo igual que un gran barco muy sigiloso que pasa inadvertido a un radar. Durante casi todo el tiempo que ha estado vigente la polémica tutela, ha habido también un grupo de fans de Spears, pequeño pero que se ha hecho oír, que no ha dejado de manifestarse abiertamente contra esa situación. Y el propio Asghari se ha encontrado a veces con una resistencia por parte de estos seguidores; un rechazo que obedece desde a teorías conspiratorias que apuntan a que es un nuevo tutor legal, a otras muchas causas. Por ejemplo, cuando Asghari fue visto hace poco firmando con entusiasmo autógrafos a unas fans, enseguida se despertó la ira de algunos de los más fieles seguidores de Spears. Sin embargo, no se le puede acusar de utilizar su relación con la estrella del pop para impulsar su propia fama. Cualquier otra persona se habría conformado con un cameo en una película tipo Sharknado 23, pero, por el contrario, Asghari no ha dejado de trabajar para abrirse camino y hacerse poco a poco un hueco en el mundo del cine.

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    Ha rechazado papeles protagonistas en proyectos poco interesantes para intentar labrarse un currículum con papeles pequeños (que son cada vez menos pequeños, todo hay que decirlo) en series que lo ayuden a hacerse un nombre y labrarse una fama. Le bastó con decir tres frases en Navy: investigación criminal o con tener un pequeño papel en una comedia romanticona para que enseguida tuviese la oportunidad de interpretar a un sexi Papá Noel para una serie como Hacks (de HBO Max), una de las telecomedias del momento en Estados Unidos. Ahora, por fin, está preparado para interpretar a un sargento de los SWAT en el próximo thriller de Randall Emmett titulado ‘Hot Seat’, con Mel Gibson como protagonista, que comenzará a rodarse en Los Ángeles en un futuro próximo.

    Tras grabar tres episodios de la comedia negra Black Monday de Showtime, Casey Wilson desveló en su pódcast Bitch Sesh cómo había sido trabajar con Asghari: “¿Estoy intentando ser respetuosa porque es un tipo realmente genial, y no es más que un actor que trata de hacer su trabajo, a la vez que es adorable y divertido? Pues sí”, asintió. Pero ella también intentó tensar la cuerda para sonsacarle más información sobre su cantante de pop favorita, aunque no salió nada de boca de Asghari. “Me quedé como: ‘Guau, esta es la persona que quiero para ella’. Le ha hecho mucho bien”. Desde entonces, Asghari ha conseguido un papel en la próxima temporada de Dollface, protagonizada por Kat Dennings y producida por Margot Robbie. La fama, cuenta Asghari, nunca estuvo en su campo de visión, y menos ahora que ha sido testigo de lo oscura que puede llegar a ser. “La fama no es un trabajo”, dice, “así que no me la quiero tomar muy en serio. Y no creo que eso vaya a cambiar, la verdad. No quiero hacer el tonto con mi felicidad. No hay fama en el mundo por la que merezca la pena sacrificar eso.”

    EL MIÉRCOLES 23 DE JUNIO, Spears se conectó de forma remota por teléfono al Tribunal del Condado de Los Ángeles. Aunque aquel era el protocolo estándar que se había adoptado por la pandemia, había que reconocer que dicho medio era especialmente adecuado para una estrella cuya vida había estado durante muchos años demasiado expuesta en el foco de la actualidad. A fin de cuentas, Instagram llevaba siendo su principal modo de interacción con el mundo exterior desde la etapa en que residió en Las Vegas (en la cual trabajó en 248 shows durante cuatro años y logró colgar el cartel de completo y vender la cifra nada irrisoria de 4.600 entradas). Britney se presentaba por primera vez ante el tribunal para hablar sobre los muchos estragos que la tutela paterna había causado en su vida tanto personal como profesional.

    Durante 23 minutos logró captar toda la atención del tribunal, y también la de todo aquel que en su smartphone tenía Twitter o Slack. Su voz no tenía esa cadencia propia de una princesa Disney a la que sus seguidores online estaban acostumbrados. Aunque en ocasiones temblaba, y pese a que el juez tuvo que pedirle que hablara más despacio cuando en algunas partes de su declaración cogió carrerilla, por lo general su voz sonaba categórica, imponente y se la veía enfadada. Mientras ella se detenía a describir los muchos agravios de aquel largo y restrictivo acuerdo, los tuits en directo escritos por los fans y los periodistas congregados en la sala empezaron a propagarse por las redes sociales como si de ondas sísmicas se tratara. Pero fue un detalle en concreto el que desató un gran escándalo: Spears reveló que tiene puesto un DIU en contra de su voluntad y que en todo este tiempo no se le ha permitido quitárselo.

    sam asghari, novio de britney spears entrenamiento y actor

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    Este hecho se convirtió en un punto crítico innegable no solo para la causa #FreeBritney, sino también para la reevaluación pendiente de los términos legales que controlan las tutelas en todo el país. Sin embargo, más allá del shock y la indignación, surgió toda una corriente de tristeza por Spears, quien ni tan siquiera podía disfrutar de esos gestos cotidianos de los que está repleta una vida normal. Sí, se violó por completo su derecho a sentarse y pensar en su planificación familiar. Pero no solo eso: se le arrebataron todos esos pilares básicos a partir de los que la gente construye su propia vida. “Quiero una vida real, de verdad. Quiero tener la oportunidad de casarme y tener un bebé. Me han dicho que ahora mismo, con la tutela, no se me permite casarme o tener hijos”, dijo Spears al tribunal, y después añadió: “Lo único que quiero es ser dueña de mi dinero para que esto termine y que mi novio me lleve en su coche”.

    En cuanto Spears se desconectó, los medios de comunicación entraron en un auténtico frenesí. Mientras tanto, quiero imaginar que fue capaz de volver a ese pequeño oasis de normalidad que ella y Asghari poco a poco han conseguido construir dentro de las paredes de su hogar en Ventura County. Y tengo que imaginarlo así porque, cuando Asghari describe su vida juntos, casi nunca entra en detalles. Algo totalmente comprensible cuando lo que sería una curiosidad normal por la vida privada de cualquier otra pareja, aquí se convertía en una posible prueba que aportar en una batalla legal. Asghari se refiere a ella como “mi chica”. No comparte ninguna privacidad, ni tan siquiera presume de los sándwiches que le gusta prepararle en casa. A él le encanta cocinar. Sin embargo, esos sándwiches son la comida casera favorita de Spears (“A mi chica le encantan mis sándwiches”) pero él ni los prueba.“Yo no soy de tomar pan”, dice.

    Asghari, con una larga trayectoria como entrenador (aún dirige un programa de nutrición y acondicionamiento físico personalizado online llamado Asghari Fitness), y Spears, bailarina y coreógrafa, disfrutan de gran parte de su tiempo libre juntos en torno al deporte. “Mucha gente no se cree que es toda una atleta. Jugamos juntos al tenis. Y también al pimpón. De hecho, es muy muy buena. Tenemos verdaderas competiciones”, asegura. “Yo soy una persona muy competitiva, pero me lo tomo con calma. Y no lo hago porque sea mujer, ni porque crea que es débil, porque no lo es. Lo que sucede es que yo crecí con tres hermanas, y aprendí que tomarte una competición demasiado en serio lo único que puede hacer es herir los sentimientos ajenos. En familia lo mejor es ir con calma”.

    También practican yoga en pareja. “Hay muchas posturas de yoga que le encanta hacer. Ella es muy flexible. Es capaz de hacer la parada de manos sobre mis piernas. Yo no soy nada bueno haciendo yoga, pero me animo a practicarlo porque a ella le gusta”, admite. “Lo único que quiero es verla feliz. Si hay algo que la hace feliz, lo hago. Yo no voy a discutir. ¿Cómo es ese dicho? ‘Esposa feliz, vida feliz’”. Es un cliché tan antiguo que bien podríamos haberlo visto escrito junto a las pinturas rupestres en cualquier cueva. No obstante, al escucharlo, nadie puede evitar volver atrás y recordar esa declaración de Britney Spears en la que expresaba su deseo de ser libre para casarse con quien ella quisiera.

    En los meses siguientes a la comparecencia de Britney ante el tribunal, ella y Asghari parecieron bajar la guardia en las redes sociales. Por su parte, Asghari hizo un comentario con relación al #FreeBritney en uno de los posts de ella, y por primera vez dijo lo que de verdad pensaba: “Tengo cero respeto hacia alguien que está tratando de controlar nuestra relación y que no deja de ponernos obstáculos en el camino”, publicó en Instagram. “Para mí, Jamie es un cretino absoluto”. Un tiempo después la pareja revolucionó la prensa sensacionalista cuando Spears fue fotografiada luciendo lo que parecía un anillo de compromiso. Asghari, quien reconoce que le apasiona “fastidiar a los paparazzi”, dice que ese anillo que se veía en el dedo de Britney “no era de compromiso”, aunque añade con una risa nerviosa: “Bueno, ya se verá. Puede ser. Es una posibilidad. Quizás hoy, quizás mañana. Aunque ya sabéis que el amor es más que un simple papel”.

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    Motivos para la alegría no le faltan a la pareja porque el conflicto legal tuvo un final feliz para Britney. El pasado 29 de septiembre el tribunal retiró la tutela legal al padre de la estrella y nombró temporalmente a un contable como tutor legal transitorio de sus finanzas, al menos, hasta el 12 de noviembre, cuando está previsto que haya una nueva vista. Por si fuera poco, Jamie Spears será investigado por mala conducta.

    ASGHARI ES 12 AÑOS MÁS JOVEN que Britney Spears, por lo que no vivió ese momento en el que todo el mundo tenía un póster de ella en su pared. Baby One More Time vio la luz en 1998. Por aquel entonces él tenía cuatro años y estaba viviendo en Teherán. A los 13 años, residía a caballo entre EEUU e Irán, mientras su padre se esforzaba para agilizar los trámites burocráticos que permitieran emigrar a las tres hermanas mayores de Asghari. “Me siento afortunado por haber crecido entre dos culturas tan extremadamente diferentes”, confiesa.

    Durante su etapa en educación secundaria, aprendió ingles y empezó a trabajar en los sitios más variopintos, como un taller de chapa y pintura, un lavadero de coches y una empresa de catering. También formó un equipo de fútbol y entabló amistad con otros chicos amantes del deporte y el teatro como él. Sus hermanas, la más pequeña era diez años mayor que Asghari, ya estaban abriéndose camino en el ámbito sanitario, y él trataba con empeño de hacerse su hueco en su nueva vida. La personalidad juguetona de Asghari, junto con su entusiasmo para adaptarse a su escuela secundaria de Ventura County, lo hicieron brillar en las clases de teatro. Por ese motivo, intuyendo que tenía vocación y talento, su profesor le sugirió que probara suerte en el mundo de la interpretación.

    Aquel fue un buen consejo. Y así fue como comenzó su andadura profesional: se convirtió en entrenador personal y en aspirante a actor a tiempo parcial. Se recorrió todos los castings, tuvo brevísimos papeles de extra y se quedó a las puertas en muchas audiciones. “Fui a miles de castings antes de conseguir mi primer papel en televisión”, cuenta Asghari refiriéndose a su papel de figurante en Navy: Investigación criminal, de la CBS. Tres años antes, aunque entonces su nombre no apareció en los créditos, se metió en el papel de un trabajador de la construcción embadurnado de grasa para salir en el videoclip de Work from Home, de Fifth Harmony. A través de actuaciones anteriores había llegado a conocer a Maxi, la maquilladora de artistas que forjó una inesperada y estrechísima relación con Asghari. Fue precisamente Maxi quien lo llamó y lo animó a salir en otro videoclip para el que necesitaban un protagonista masculino. Sin saber de qué vídeo se trataba y para quién era, Asghari apareció de pronto en el rodaje de Slumber Party, de Britney Spears. Alejados de las cámaras, ella y Asghari empezaron a hablar y, tan solo unas semanas después, quedaron para salir a comer sushi. Aquella fue su primera cita. Este es un dato que él mismo ha compartido. El resto solo lo conoce su familia, que ha acogido a Spears como a una más. “Por supuesto que conocen a mi chica”, destaca. “Todo el mundo la conoce. Mi abuela conoce a mi chica”. Sus hermanas lo aconsejan sin andarse con rodeos. “Siempre que necesito una opinión sincera, recurro a mis hermanas”, admite. “Gracias a ellas aprendí mucho sobre las mujeres, aprendí a respetar a una mujer”.

    En otro orden de cosas, Asghari ha empezado a ir a clases con un coordinador de dobles de acción para aprender a pelear. Y no porque ahora mismo vaya a meterse en un papel que se lo exija, sino porque un día se puede presentar a un casting para el que le pueda servir. “Lo que quiero es entrar en una habitación llena de tipos como yo, con el mismo físico, con la misma ropa y voz, y tener algo distinto que ofrecer”, admite. “Todos son exactamente igual que yo”. Asghari quiere ser él quien construya algo, en lugar de permitir que sea algo lo que se construya a su alrededor

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Sam Asghari, mucho más que el novio de Britney Spears: ¡¡estará en una peli con Mel Gibson!!